viernes, 16 de febrero de 2007

Cultivo de pepinos en invernadero

Cultivo de pepinos en invernadero


Tratamiento del suelo:

Hay que remover el bancal del invernadero e incorporarle abundante compost o estiér­col, a ser posible pajoso. Para cada planta se prepara un montón de compost mezclado con tierra franca y arena. Deben medir 15 cm de profundidad y 30 cm de ancho, y guardar una separación de 60 cm entre ellos.


Multiplicación:

Se siembran las semillas a partir de mediados del invierno en pequeñas macetas de turba o arcilla, una por cada recipiente. Hay que usar un com­post patentado. Se colocan en donde la tempe­ratura no descienda nunca por debajo de los 21 °C. Si el invernadero carece de calefacción se guardan en la casa. Si se trata de macetas de arcilla conviene cambiar­las al cabo de dos semanas a otras más grandes, diga­mos de 15 cm, con otro tipo de compost especial. No se debe apretar éste a su alrededor, hay que empapar en el momento del trasplante pero sólo después que el suelo esté seco.


Cuando las plantas tengan 15 cm de altura se las lleva con cuidado a los montículos preparados en el invernadero. La temperatura al hacer esta operación debe ser al menos de 21 °C.


Cada ejemplar debe tener la posibilidad de trepar, por lo que se clavará a su lado un alambre vertical o una caña que subirán por las paredes del invernadero al techo y se instalan después alambres horizontales a intervalos de 45 cm. La temperatura no debe bajar ahora nunca de los 21 °C y conviene que se eleve a 31 °C durante el día. Cuando las plantas son jóvenes apenas necesitan ventilación. Si se hace, se abren las ventanas un poco por la mañana y se cierran en las pri­meras horas de la tarde. Ésta es la razón por la que los pepinos no coexisten bien con los tomates, que necesi­tan un aire mucho más seco.


Cuidados durante el crecimiento:

A mediados del verano es necesario enjalbegar los cristales que hay por encima de los pepinos para que no reciban demasiada luz directa del sol. En esta época del año es necesario que la humedad sea elevada pero no deben mantenerse las raíces constantemente húmedas. Es suficiente con un buen riego dos veces por semana. Pero hay que rociar las plantas con agua templada una vez al día y mantener húmedas las paredes y el suelo del inverna­dero.


Al crecer las plantas se las ata sin apretar a cañas o alambre. Se detiene el desarrollo del tallo principal para lo cual se lo despunta cuando llega al techo o cuando su altura es de 1.8 m. Hay que eliminar las flores masculi­nas (las que crecen en tallos pequeños y no sobre los diminutos pepinos) para que no polinicen a las femeni­nas y produzcan frutos amargos con pepitas grandes. Hay que eliminar también cualquier flor femenina que crezca en el tallo principal. Las ramas laterales que salen de este último deben reducirse a dos nudos y las sublaterales (las que salen de las anteriores) a uno.


Es muy conveniente aplicar de vez en cuando una buena dosis de compost, abono o infusión de consuelda.



Recolección:


Se cortan los pepinos cuando alcanzan un tamaño adecuado y se consumen lo antes posible. No se los debe dejar nunca envejecer y marchitarse en la planta.